13 de octubre de 2010
SOY ADMIRADORA DEL CHIBOLO
6 de octubre de 2010
PAJARITOS PREÑADOS
23 de junio de 2010
a cada manía un milagrito
Una foto en el suelo con marco y vidrio roto fresco contra el suelo a cuadraditos de una calle equis a unas 4 cuadras del parque central, yaciendo en la vereda con la cara viendo hacia el cielo. Sólo verla ya te hacía sentir cierta ansiedad, o alguna vergüenza mezclada con pena o nostalgia o confusión. Una novia alta, con un vestido de diseñador de esos que ya volvieron, con velo sobre un peinado tradicional de calculo los setentas y cara de contenta, de novia.
Me tomaron como cien segundos convencer a vix de que nos la llevaríamos. Antes de levantarla del suelo miramos hacia las ventanas del edificio buscando alguien que nos detuviera. Nos la llevamos porque estaba tirada en el suelo y es mía porque la encontré ahí. Una vez con el marco de mediano tamaño en la mano, salimos caminando a la velocidad de la luz, pero yo iba convenciéndonos de que si la habían lanzado por la ventana, el hecho de que ya no estuviera quizás llamara a la reflexión a alguien o quizás no y nos estábamos llevando un triste recuerdo y dándole la libertad a esa mujer o cualquier cosa que se me ocurriera entre la hiperventilación y el sudor de esa maratón en nueva york a media tarde. Luego sacamos de un módulo de plástico un periódico gratuito para hispanos y envolvimos el marco que se veía cada vez más grande, un poco por pudor.
Yo puedo asegurar a riesgo de quemarme las manos que esa mujer que debe ser de la edad de mi madre jamás imaginó que su foto de bodas terminaría en la sala de una carla garcía en lima Perú, como tampoco Irmtrud la alemana que se murió en un asilo en berlin y de la cual tengo el álbum de fotos, o el bebito de la foto carnet que encontré en el suelo de la oficina de admisión de la san martín y menos la mujer andina cuya foto se me reveló dentro de la revista in de lan en un viaje del que ya no recuerdo nada.
25 de mayo de 2010
esta también soy yo.
9 de mayo de 2010
ESTUDIO MADRE *
Con motivo del mes de mayo he realizado un riguroso estudio que concluye en la descripción de las tres especies que asoman abiertamente:
1. La mamá senior es una señora muy seria. sus hijos ya son grandes y mantiene una relación telefónica y dominguera con ellos que es 70% amor, 30% crítica y sacada al fresco. La ocupan temas como la salud de sus hijos y está avocada a la malacrianza de sus nietos. Es una experta en inducción de nostalgias y arrepentimientos.
2. La mamá junior recién tuvo un hijo aunque juró no hacerlo. Llegó a los treinta sin más responsabilidades que sí misma. Ahora cuando el hijo estornuda corre a navegar online, lee libros, consulta varios pediatras y llama a su mamá –senior- para asegurarse de que es sólo un resfriado. Ya en el cuarto mes de embarazo evalúa posibles colegios y universidades.
3. La mamá mamá, sujeto central de mi estudio, crece con su hijo. Lo ha dotado de una libertad y pensamiento crítico que en los primeros años ejercerá fieramente con ella. Puede comerse todos los chocolates del país, parar con tus amigos o partirse el peroné saltando a lo loco. No será nunca senior porque está a mil con la tecnología, duada en el celular y agregada al messenger con el hijo y sus amigos. Estratégicamente lo educó en casi todo, menos en temas eléctricos y de gasfitería, obedeciendo a un inteligente plan que luego le permite protagonizar todas las mudanzas y ser agente de solución en cualquier accidente casero. La mamá mamá no se esfuerza en dar el ejemplo. Inicialmente el hijo frunce el seño, pero luego muere de amor por su madre y sale a comprar más chocolates, cervezas, o la lleva a enyesar, según sea el caso.
Educada por ella en la objetividad y el análisis, puedo decir que mi madre no es mejor que la tuya en muchas cosas. No es la más ordenada ni la más sutil. No califica en categoría tejido y costura, en velocidad o en salto alto, pero queda entre las diez más divertidas del mundo, bronce en ortografía y en ají de gallina saca oro.
28 de abril de 2010
8 de marzo de 2010
condescendencia
Yo me siento un poco como Julia Roberts en Pretty Woman, Mávila, salvando las distancias.
Hoy es el día de la mujer que se supone existe desde hace cien años y por el que me saludan desde el 93. Entonces era como si yo misma hubiera vencido una lucha que pelearon otras, o como si en el 92 hubiera estado sometida y recién cuando me saludan ya soy hecha y derecha, te lo digo con el taco. Han pasado 17 años y cuando hablan de mujeres imponentes y de historias internacionales me imagino a mi bisabuela que doblaba en ocho el pie para caber en un zapato femenino y que no decidía mucho sobre su pie, ni sobre su propia vida o muerte y también me acuerdo de mi abuela, que era bastante más de avanzada y que hacía teatro y usaba ropa cul y calzaba abiertamente 38 porque eso entonces ya no importaba, y que sabía qué olor era marihuana o nó, pero que cuando niña me decía que sea buena con mi papá, que las hijas de padres divorciados tenemos que ser buenas y afectuosas para que así nuestros papás no se olviden de querernos, como le pasó a ella con su papá.
A mí también me han hecho preguntas estúpidas como las de sunset boulevard, me han mirado y acariciado la cabeza como tocando a un caniche imaginario y me han dicho carlita, y flaquita y mamita y he sido jerma de un par de idiotas y novia de un par de chicos buenos y mis propios subalternos me han mirado hacia abajo porque soy chica, y he tenido que ir a cenas de trabajo estando a dieta y he cerrado la puerta de mi oficina para llorar por un hombre y he mentido mil veces para lucir invencible.
Vengo a esta oficina casi todos los días para tener un sueldo que me permita hacer una vida sola y sustentar todas mis mañas. Mucho de mi sueldo se esfuma en manos de talentosas señoritas que tajan mis extremidades y pulen mis cabelleras para hacerme apetecible. Apetecible vengo a la chamba y salgo a tomarme una copa de cuando en cuando. Fumo como china en quiebra, dicen ciertos hombres. Pago ese vicio con la plata que me queda, y compro ropa. Zapatos sobre todo, lo más incómodo posibles para manejar el auto y subir escalones hasta la oficina, hasta mi departamento. Tengo chapas en la cartera.
He sido una puta y he sido la reina querida de alguien, igualito que Julia. A veces he sido las dos al mismo tiempo.