17 de febrero de 2010

la foto

escondido en algún lugar de ésta foto de mi infancia en un mundo de mujeres, encontré hace poco el motivo por el cual soy fanática de los espacios vacíos.
entendí al fin por qué casi me empeño en perder cosas que podrían ocupar algún lugar y recordé que el tema con los animales viene desde el comienzo.



Culpo abiertamente a mi madre y abuela por las obsesiones con el teléfonos y los crucigramas, en ese específico orden.
En esta foto solo falta una compu, un chocolate y algún príncipe quien calce las slaps que yacen esperándolo. :)

16 de febrero de 2010

la era del dragón terminó hace mucho (y yo recién me doy cuenta)

Te acuerdas de Cucharita, me ha dicho Luisale que es mucho mas chico que yo, y yo le he contestado claro que me acuerdo pero la verdad es que ya se me estaba perdiendo Cucharita entre tanta cosa que hay que ir refrescando ahora último.


Tengo dos cucharitas, el primero era el payaso de moda cuando yo era niña o quizás era el nombre de moda de los payasos, pero Cucharita estaba en todos los tonos. Todos, medianitos o ricos, breña o ese distrito tan lindo cuando yo era chica, chacarilla del estanque. Cucharita tenía el don de la ubicuidad y ya era como un familiar que encuentras en todos lados, lo que en el fondo me hacía sentir comodísima en los santos, razón por la que siempre tenia la sensación de que él y yo éramos en algo cómplices y que yo ganaba los concursos de baile sencillamente porque era su favorita. Pero lo cierto y recién ahora lo acepto, es que cada vez que yo me acercaba a Cucharita como para hacer charla y comentar qué fiesta era mejor que ésta en la que estamos, el payaso me miraba como si nunca me hubiera visto y se daba media vuelta o me seguía la conversación como si yo fuera una niña de seis años común y corriente y no existiera entre nosotros un nexo especial. Eso nunca me detuvo, y hasta los siete años incluso, yo fui bro de Cucharita el payaso de moda, a pesar de su amnesia y su falta de ganas.


El otro Cucharita doy fé de que era único. Lo ví por primera vez a los 13 años en el Curich de Barranco y es obvio que Luisale se refiere a él, porque no puede ser otro. Cucharita llegaba al bar por las noches y si habían cuarenta centímetros cuadrados de suelo libres, ponía su trapo y empezaba el espectáculo.


Habían varios tipos de trucos. Los trucos con fósforos y botellas, en los que Cucharita balanceaba una botella sobre su barbilla o en el entreceño sobre un fosforito y luego se servía chela de la cabeza al vaso, o vertía chela del vaso a la botella, o pisco, o lo que hubiera a mano, con una precisión increíble y fijándose bien, uno se daba cuenta de que en la frente tenía un hueco minúsculo, lugar en el que al menos 15 veces por noche se ubicaba el palito para hacer la maroma, todas las noches durante muchos años.


Luego, estaban los trucos con el pañuelo. Entonces dependiendo de los buenos tiempos o los malos, sacaba un pañuelito publicitario, parado sobre su estrado que era una toalla publicitaria o no, y lo arrugaba, lo manoseaba, nos entretenía con su voz que era parecida al ruido que haría una cadena de bicicleta si hablara, lo hacía bolita y luego pedía que alguien sople, y zas! el pañuelo se erectaba y Cucharita decía, este truco se llama viagra, y todos nos matábamos de risa, a pesar de haber visto el mismo truco ocho millones de veces y de querer ir al baño sin poder dado que cucharita el estrado improvisado por el mago cerraba el paso siempre.


Se vestía con un saquito y usaba un sombrerito el que, dependiendo de los tiempos malos o buenos, tenía algunas veces algún logo publicitario. Pero con o sin logo y en el estado en el que estuviera esa noche, la magia era magia y ese tío que se veía como un cantante de vallenato era la historia misma de la calle. Luego se murió un día calculo que hace como siete años y nadie le copió los trucos.


Antes de terminar su rutina, Cucharita le pedía a alguien del público un cigarro, le arrancaba el filtro y algo más para entonces decir, estoy dejando de fumar, lo encendía y le daba dos o tres caladas fuertes, como si le arrancara algo al pucho. Después daba una mirada a todos los que estábamos, uno por uno, retándonos con las cejas a ver lo siguiente. Cucharita se tragaba el cigarro encendido, abría la boca y sacaba la lengua para que uno se asome a buscar algo dentro de un león, pero ahí no había nada mas que varios dientes viejos y una lengua calata. Entonces distendía la atención, se relajaba, se tomaba uno o dos vasos de lo que hubiere y cuando ya la gente empezaba a retomar las conversaciones interrumpidas, se remangaba el saco, agarraba con pompa una botella y movía los brazos de un lado a otro para conseguir miradas. Ya de nuevo todos callados, Cuchara hacía un par de movimientos raros, levantaba la cabeza hasta ver al techo sobre sí y súbitamente aparecía entre sus labios, como si hubiera subido desde el fondo de la tierra, el cigarro encendido que habíamos perdido adentro suyo más de un minuto atrás. El Dragón, se llamaba ese y era el mejor de los trucos.


28 de enero de 2010

gente que tiene las respuestas pero no lo sabe

12:59 p.m.

xxxx dice:
carla te puedo hacer una pregunta estupida?

carla dice:
dime

xxxx dice:
hay alguna manera de decirle a una chica q no quieres caminar de la manito sin q se resienta?

carla dice:
decirle que te suda copiosamente la mano y que lo haces para no mojar la suya

xxxx dice:
ah de puta madre, le dire eso porq hasta ahora solo atinaba a tocar harmonica
A ver cómo explicárselo. Takle entiende hola, corre, sube las escaleras y sonríe que parece un perro anciano en sus últimos segundos. Entiende sentado (en sus versiones sit y chin tau, según el humor), entiende claramente la pata y a veces entiende la otra pata. Le gusta particularmente chubi, que es una modalidad que se da cuando estoy probándome todo lo que hay en el closet y he puesto música para no deprimir y él esta sentado en mi cama, entonces levanta las dos patas delanteras como si fuera un caniche, se apoya en mí y bailamos tipo valsecito unos diez segundos. Trae, pelota, come, pita y no, son otras comandas diarias. A su cama significa a mi cama.

Yo he entendido del perro varias cosas basándome en actitudes clásicas suyas. Por ejemplo no sé exactamente qué le da alergia, pero a veces se le paran los pelos y sé que es una alergia. Sé que le gustan las pitas que transforma en un huaipe maloliente con el que juega sobre mi cama y en los muebles de la sala. Sé que le gustaría ser más valiente pero no se le da, y que le gustaría comer doguitos todo el día, como a mí chocolates. Es una cosa que va más allá de uno.

Por eso ayer en el almuerzo abrí una generosa bolsa de doguitos de carne (bifinhos) y dije chintau y Takle entendiendo perfectito va y se sienta. Entonces le lanzo tratando de embocarle al hocico los trozos de falso tocino y pap, los atrapa y yo digo muy bien, como cesar millá me recomienda. Chintau, lanzo, muy bieeeeen. Así un rato largo, dividiendo de a cuatro la tira de doguitos, unos 4 doguitos. Ufa, el perro orgullosisimo haciendo su trabajo, luchando por su comida a pesar de que no se da cuenta de que yo me vuelvo cada vez más capa y su tarea es únicamente abrir la boca y esperar que caiga el droguito.

Entonces, ya cuando la conducta está reforzada (la de ambos), tomo un puñado de dog chow, al que no le da bola y digo chintau, lanzo la croquetita con forma de zanahoria y el perro pap, se la come (con cara de sorpresa). Le lanzo otro doguito y vuelve a recuperar la confianza, entonces le lanzo una croquetita de carne (la cuadrada roja) y Takle pap, se la come. Doguito y la siguiente es la croquetita redonda de círculos concéntricos que quién sabe de qué será y pap, se la come. Intercalo doguitos y comida perfectamente y estamos de lo más felices, muy bieeeen. Animal entiende todo, hemos creado un nuevo lazo que aplacará mi necesidad de dedicarme a algo y su anorexia.

Ahí, y sólo por ver qué pasaba, lanzo el chiclet de menta directo hacia el perro. Pap, lo recibe, pone cara de confusión, lo escupe de inmediato y me queda mirando como si me puteara. Entonces entiendo que he obrado mal y quiero resarcirme diciendo sentado y lanzándole un doguito extra grande que le rebota en el ojo como si fuera una estatua de mármol con cara de reprobación. La dinámica terminó con Takle entendiendo que soy propensa a llevar ciertas situaciones al límite y yo tomando nota mental de que tenemos que trabajar juntos en la comanda broma, porque aparentemente no la entiende.

25 de enero de 2010

ESTE BLOG NO ESTÁ MUERTO

(si te acercas un poco aún respira)

Me lo compré y no me ha importado que el timón sea cambiado ni que huela a otra gente un poco, ni que las llantas sean aro 14 y eso las haga más caras que las de aro 13. Confieso que no se qué carajo significa esa unidad en la diferencia entre las llantas del auto nuevo y las del auto viejo. Me ha molestado que el tipo que me lo vendió, que tenía una cara de idiota que ni más, haya sido no solamente un tipo idiota que tuve que ver por tres días sino un idiota más listo que yo, que pudo esconder que la ventana del copiloto no bajaba aún cuando salimos a pasear y yo fui la copilota y no se me ocurrió tratar de bajar el vidrio. Qué difícil darse cuenta de que aún en el 2010 hay gente idiota que es menos idiota que una.

No me importa que yo diga que el auto es como una camionetita y que venga alguien a decirme que es un auto familiar con cara de que quizás yo ya esté planeando tener una familia y claro como es lógico, no empiezo por ahorrar sino que me gasto todo lo que tengo y más, en un auto, como primera medida adulta. Yo sé que no es familiar, que es joven y divertido a pesar de que sea guinda porque quizás en Japón guinda es un color hip y por la diferencia de horario acá es un color de vieja sonza que no da más, de vieja que hace movilidad escolar.

Bueno y aparte de que la ventana no abre y viajo dentro de un microondas a lo largo de lima, el auto se siente bien y se ha adaptado muy bien a mí y a mi perro aunque a nosotros no nos importe el número de la placa ni los trámites y a pesar de que al auto sabe, porque vino sabiendo, que el día que cayó en mis manos fue el último que alguien tuvo real preocupación por si tenía aceite o agua o si las llantas estaban infladas o nó. Es un auto condenado como lo fue el anterior. Finalmente en honor a éste último tenía ganas de decir unas palabras. Ha funcionado hasta el último día, no pidió mucho y quedó estacionado en la casa de mi madre, así como ahí están las fotos de cuando era chica, cierta ropa de la que no quiero deshacerme hace siglos y todos los demás cookies del alma.

14 de diciembre de 2009

fe

Es febrero del ochenticinco y dios es un amigo cercano. No he dormido ni he jugado ni he visto tele durante muchas horas. Tengo la casa club abandonada, los tubos de ensayo abandonados y seguramente alguna mascota muriendo de inanición en el patio. Quizás si no fuera este año y el futuro estuviera más cerca yo no tendría que esforzarme tanto. Comprar la cartulina, conseguir un palito de madera digna que haga de asta, buscar plumones de colores y robar de alguien el plumón dorado traido de Norteamérica. Eso y buscar un afiche donde la bandera estuviera lo más grande posible para copiarla a detalle. Si hubiera Wilson hoy, si los señores que trafican software, si las gigantografías y los ploteos, si internet, si hubiera una computadora o su madre cerca mío, es probable que mi tarea no hubiera tenido la mitad de la fe que tiene ahora. Yo he dedicado días de horas niña a hacer a mano alzada la mejor banderita del vaticano que alguien haya visto, con sus llaves, su coronita en detalle y las borlas. Con eso voy a recibir a Juan Pablo que está hecho de masa de pan y viene a Lima. Tengo ansiedad y nervio, lo voy a ver pasar en su papamóvil que es un transformer del cielo y con mi banderita voy a recibir a dios en su primera visita oficial al Perú.

Hoy es el día. Me he puesto el jumper azul que mi abuela rehízo porque mariellita es más grande que yo y aunque la tela pica un poco vale la pena la gala. Hemos llegado casi de madrugada al estrado que a lo largo de la calle las flores el colegio sophianum ha puesto para que sus exalumnas, entre ellas mi madre, puedan ver pasar al papa peregrino al vuelo cuando desde la nunciatura apostólica tome la Salaverry y luego de vuelta en esa misma calle, donde en su camino a la eternidad, que es el lugar al que karol llega siempre, me verá con mi bandera y mi jumper y mi enorme fe y yo lo veré en carne y hueso y masa de galleta para ser feliz y seguir cantando el taller del orfebre. El pueblo de dios, en camino con, juan pablo peregrino.

Hay tanta gente de mi familia que parece navidad. Sólo en el concierto de menudo en el nacional, he visto tanta gente junta cantando las mismas canciones y del mismo ánimo. Se cuentan los minutos que faltan, hay seguridad por todos lados, los zapatos me están matando. Franco, que es mi primo y también hijo de exalumna del sophianum, parece tener la misma histeria contenida que yo pero el lleva una banderita tipo, esas que hacían de papel crepé y con una impresión malísima del escudo. De hecho yo tengo la mejor bandera, el plumón ha conseguido reflejar el efecto pan de oro que tengo en el espíritu. Como de las manos me brota Iguazú, procuro solo tomar el palito para no malograr el dibujo y tampoco la ondeo por gusto por un poco de miedo de que la cartulina se eche a perder. Lanzan música desde unos parlantes que generan estruendo. La gente se pone de pie y con ellos mi mamá, la abuela, Fabiola, la tía dina, Giovanna, franco, yo y todas las viejas gritonas que entran en éxtasis religioso desde ya. Estoy en primera fila y no espero poco. Quiero, definitivamente, ver la cara del papa a metros, quiero alucinar el papamóvil, quiero recordar la guardia del vaticano, quiero que palomas rodeen la escena y formen una paloma más grande justo arriba de la comitiva. A cambio de mi esfuerzo, espero en recompensa que el cielo se abra y una inmensa mano me unja en santidad, nada menos y no estoy con ganas de negociar.

El tiempo se toma licencias literarias. Pasa dilatado, los últimos segundos son como minutos interminables y todo está en slow motion. Las viejas empiezan a romper las cadenetas de eslabones blanco y amarillos. Abren la boca como leones y miran hacia la izquierda que es por donde debe aparecer el polaco y sus huestes romanas. Todos se contagian y el ambiente se vuelve aún más intenso que menudo en el nacional. Entonces, y este es un fenómeno extrañísimo porque entre las voces lentas y deformadas del resto la escuché clarísimo y en velocidad real, Giovanna dice mirando hacia la derecha que era exactamente el opuesto de objetivo, mira carlita, ese no es Jaime Bayly?

Jaime, el chico que desde la tele hacía un programa de deportes, transita la calle las flores a treinta metros de mí. Tiene una camisa blanca y es mucho más alto de lo que imaginaba. Qué hará por aquí, quizás su mamá también es exalumna o simplemente va a algún lado desde algún otro, porque no tiene banderita ni canta. Está parado con sus piernas largas que veo por primera vez. Hay una florería desde su lado de la pista, la florería de la calle las flores y afuera Bayly. Me pregunto si me lo cruzaré, si sería capaz de decirle algo porque es tan churro, tan churro eres Jaime. No dejo de verlo salvo unos segundos cuando pasa un bulto que lo tapa y luego ya no lo veo porque se pierde entre la gente. De pronto el tiempo vuelve a tomar forma y las viejas están llorando y todos han roto filas y mi mamá me dice, lo viste que lindo es? Pasó justo delante nuestro lentito, haciendo la señal de la cruz! Viste el papamóvil qué lindo? Viste qué contento se veía? Lo viste?

No lo ví. He llorado, he llorado sintiéndome una idiota con mi bandera de cartulina y mi no recuerdo y mi no bendición. He vuelto a la casa indignada conmigo, con el jumper y todo el disfraz y los zapatos tiesos. Todos tienen una anécdota papal que contar esa tarde, ven la tele esperando verse, están contagiados de la gracia divina. Adentro mío inicio un pleito con dios que mi mamá intentará resolver sin éxito mañana tempranísimo llevándome cargada en hombros a la nunciatura apostólica a esperar que el papa salude a los madrugadores. Digo en voz alta, frente a la sorpresa del resto, que dios no ha querido que yo vea al papa, que no vale la pena nada, aviento la bandera, lloro de nuevo indignada. Los asusto porque tengo diez años y me enfrento a los designios de arriba, porque ya que el poderoso no cumple conmigo, lo enfrento rabiosa. Dios no ha querido que vea al papa y por eso ya no quiero ver al papa ni creer en dios, eso digo pero no es verdad, por lo menos no ahora. De la manera más indecente puso la tentación delante de mí y no he podido negarme. Estoy molesta son Juan Pablo, con Jaime y conmigo porque sé que es el comienzo de una lista de pruebas de fe que iré reprobando irremediablemente. Tengo diez años y delante una vida complicada en el rubro de las tentaciones.