19 de enero de 2012

EL NIÑO DEL CUSCO

Este es un documental de 57 minutos que hicimos Ricardo Ayala (anti) y yo en Cusco a lo largo de tres años.
Cuando al fin estuvo listo en el 2010, los dos caímos en una breve depresión sin saber qué hacer con nuestras vidas en adelante.
Gracias al Niño Compadrito por revelársenos.

3 de enero de 2012

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Bad Ed


No me ha molestado totalmente ninguna de estas mañanas levantarme antes de que amanezca, darme una ducha y buscar algo cómodo que ponerme para pasar el día. Me ha dolido, confieso que a veces, el clima de afuera de la casa. Salir y sentir un frío horroroso, ponerme un saco grueso, subir al auto y esperar a que caliente durante largo rato para luego prender los limpiaparabrisas que arranquen la nieve dura del vidrio. Luego esperar a que todo funcione bien para que Pedro esa mañana y todas las mañanas me lleve a Gus´s Grill manejando diez minutos.

No hablamos o creo que casi no hablamos porque él sale de la casa sonámbulo a cumplir conmigo, a llevarme como todos los días a las cinco de la mañana a la cafetería donde trabajo. Hemos pasado o vamos a pasar muchos meses sin decir nada porque decir cosas conlleva a volver a las mismas discusiones. Yo prefiero trabajar como una mula y él prefiere trabajar poco y meditar. A veces vuelvo al town house después de un día de trabajo y una noche de estudio, extrañando mi casa y las calles de Lima pero él prefiere meditar. Se sienta en flor de loto en la sala y se queda así por horas.

4 de diciembre de 2011

sucio viejo griego


Entrando al local y detrás de la barra, hacia la mano izquierda, queda la cocina. Es un espacio pequeño en el que hay un horno, una plancha para calentar cosas, seis hornillas, un mesón para cortar, dos microondas y un mueble donde se conserva la comida caliente. Por donde deberían moverse las cabezas de los cocineros hay dos microondas, muebles con condimentos y cajas. No es impecable ni mínimamente limpia: tampoco hay cocineros sino Bill únicamente.

Bill ha acumulado todos los años del mundo. Es un viejo de tamaño normal y volumen grueso que siempre está vestido de cocinero. La facha lleva una camisa de chef que alguna vez fue blanca, un mandil muy embarrado de manos y de un color que evoca salsa de tomate o algún otro ingrediente rojo. Lleva puesto jeans viejos y zapatos negros con suela de goma del tipo de zapatos que los jubilados usan desde el día en que dejan el trabajo. Sobre el pelo blanco y pegajoso usa una gorrita blanca. Tiene bigotes y debajo de éstos, cuatro o cinco dientes comidos por el tabaco.

Ha dicho Gus alguna vez que no puede despedir al viejo cascarrabias. Todos recuerdan algo así como que cuando el llegó de Grecia a la América Bill era el dueño de un restaurant muy elegante en Nueva York, con más de treinta mesas y manteles blancos que llegaban hasta el suelo. Cada mesa era atendida por un mozo impecablemente vestido y el local era visitado por las estrellas de los 60s. Pero luego Bill empezó a jugar - primero con los amigos y luego en casas de juego clandestinas- para luego empezar a perder y con eso las ganas de beber y entonces para pagar las deudas tuvo que cerrar, conseguir un trabajo aquí y otro allá porque todo iba decayendo en la vida de Bill salvo las ganas de tentar al azar. Hasta que un día hace más de quince años el joven Gus, que un día fue mozo del restaurant del viejo en los buenos años, lo encontró nuevamente y le dio la posibilidad de trabajar en esa cocina de cinco metros cuadrados.

Bill se llama Bassili y ya no se acuerda cuándo llegó de Grecia hasta Nueva York. Recuerda que en el 58 abrió Bill´s y que todos en La Gran Manzana conocían su fasolada y su moussaka pero no sabe exactamente en qué año quebró ni cuándo su mujer empezó a olvidar las cosas poco a poco aunque sabe que fue mucho antes de que le diagnosticaran alzheimer hace diez años.

Un día normal el viejo se levanta a las 4 am, se baña o no dependiendo del clima, se enfunda en la ropa de anoche con o sin saco dependiendo del clima y sale fumando a enfrentar el clima mientras espera un bus en la parada. Viaja media hora hasta llegar a Saddlebrook y toca el timbre para bajarse justo en la puerta de la ladrillera que queda frente a Gus´s Grill. Cruza la pista sin mirar y entra con la cabeza hacia abajo para no saludar a nadie. Cuando llega sólo están Gus y su esposa Georgia en el lugar, el pasa por la derecha de la barra hacia el almacén y saca de un perchero la camisa de chef que se lava una vez cada tres semanas. Se pone la camisa, el mandil y el sombrero. Toma el pasadizo que lo dirige del almacén a la cocina. El viejo camina lento y torpe, intenta avanzar lo más posible sin dar un traspié pero tropieza y se enreda cada ciertos pasos.

En la cocina prende la parrilla y espera las primeras comandas. Normalmente tiene la palma de la mano quemada porque hay veces en que tropieza y cae de manos sobre la cocina. Algunas veces tiene un dedo envuelto en papel servilleta o una gasa sujeta con cinta de embalaje al brazo, porque le pasa frecuentemente que se corta con los bordes de los antiguos muebles de metal. Esconde en el mandil fetas de jamón que roba del almacén y va comiendo a lo largo del día.

Bill tiene dos manías; se frota las manos grasientas hacia arriba y abajo del mandil durante todo el día. Arriba y abajo, arriba y abajo, es su primera manía. La segunda es que le gustan las mujeres, de cualquier color y edad, le gusta respirarles relamiéndose cerca.

12 de noviembre de 2011

the zorritos chronicles


Hay un pájaro que hace un sonido idéntico al de un hombre en la esquina cuando ve pasar a una mujer. Fuifuiu. Hay uno que siempre pasa caminando y que no he visto volar más de unos pocos metros, que da pasitos y mueve la cola de arriba hacia abajo. Es marrón como a vetas y después de andar salta y se trepa en la rama de un algarrobo a escoger por dónde seguir andando. Ese pájaro no canta pero sus saltos hacen sonar las hojas secas que cubren el suelo, haciendo crac crac crac. A pesar de que nunca he visto una paloma por la zona, se escucha el motor de las cuculíes por todos lados rú rú rrrr. Muchas veces me he quedado pegada viendo las copas de los árboles para descubrir sus nidos y lo único que he encontrado son enormes colmenas de avispas que parecen abrazadas a las ramas.

El sistema sonoro se enciende a las 5:45. Fuifuiu, crac crac crac y rú rú rrrr se empeñan en amplificarse para que a las 6:15 como máximo ya estemos despiertos y viéndonos las caras de desvelo y de grandes posibilidades de empezar a discutir desde temprano.

Nos hemos escapado de lima, no es la primera ni la última vez que lo haremos. Esta sin embargo, ha sido la más larga. Tenemos una casita pequeña y una casa grande entre los árboles, el mar a nuestra disposición todo el día y un perro en común. Hemos decorado la casita todo lo posible y a la hora del almuerzo vemos –mientras peleamos con una antena de conejo- una telenovela colombiana llamada Pobre Pablo. Pusimos un bar en la carretera y hasta tenemos un socio que huyó de lima al mismo tiempo que nosotros, que es quien llega por la puerta que da a la terraza justo hoy por la mañana.

Entra, tomamos algo de desayuno creo y luego pasa a hacer eso que hacemos casi todo el día, hablar de las cosas del pueblo.

-Sabes lo que les pasó a las Chawas?

Las Chawas son unas señoras que con sus hijas viven a 200 metros de mi casa por la línea carretera y justo en frente de la casa de mi socio el Alexis. Afuera de la casa, viendo a la panamericana norte, tienen el algarrobo más alto y viejo del barrio del que han amarrado un par de hamacas y al que usan de sombra para sentarse a mirar los buses ir y venir y charlar con los vecinos. El algarrobo de las Chawas es el ágora del barrio Los Pinos.

-Una chiquita se les cayó en un canal. El canal estaba seco pero la niña se ha golpeado fuerte la cabeza y no la han atendido en Tumbes, por lo que están haciendo una rifa para conseguir plata y llevarla a ver al hospital de Piura.

-Cuál es la niña?

-No sé, pero ya doné un saco de arroz para los premios. Si puedes ayúdalas, yo me he ofrecido a llevarlas hasta Piura.

Piura queda horas más al sur. La familia de Alexis tiene sembríos de arroz en la zona y noto que ha hecho todo lo posible por solucionar el problema de sus vecinas. Me apunto entonces.

-Diles que les compro rifas. Que me busquen en un ratito por el mercado.

Nos separamos, el día avanza lento. Entre levantarse, hacer las cosas de la casa y salir a hacer el diario al pueblo, hay como cinco interminables horas. Me preocupa la chawita, aunque no la conozco ni se de cuál es hija y francamente no sé cuál es la chawa principal ni ubico a sus ramificaciones. Vecindad es vecindad y en este pueblo todos sabemos lo de todos.

Hace calor, demasiado calor. No corre viento, todo se queda estático durante siglos. La acción no es una posibilidad. Reflexión, observación, breve análisis, si. Por eso las veces en que Diego y yo discutimos y él se fue como si hubiera mucho a dónde irse, sólo tuve que esperar algunas medias horas, salir a la pista, parar un mototaxi y preguntar. Cualquier mototaxista del pueblo podía contestar algo tipo: lo han visto meterse al mar a la altura del grifo, andaba molesto dicen. Igual las veces que yo me iba al mercado a hacer tiempo para que la tormenta pase, los vecinos comentaban: ahí pasa la Carla con mal semblante, qué le habrá hecho el Diego para que esté así.

Ya estoy en el marcado cuando se me acerca una chawa.

-Carlita, me ha dicho el Alexis que nos vas a colaborar con unas rifas.

-Claro, cómo está la niña?

No he acabado de decirlo cuando aparece una niña de seis años saltando de una de las maneras más alegres y sanas que he visto en un infante. Entonces la chawa la toma del hombro y la pega contra su pierna para que la niña detenga su demostración de salud y sigue.

-Está malita. Queremos llevarla a Piura para que le hagan una radiografía porque no se sabe bien si algo tiene roto, perdió el conocimiento mucho rato y no vaya a ser que empeore.

La niña ya se dio cuenta o la madre le está clavando las uñas, lo que sea pero ya no se mueve mucho y acaba de poner cara de dolor.

-A cuánto sale cada boleto?

-Cinco soles.

-Toma cien soles, dame veinte.

La mujer toma el billete y suelta a la niña que se va volando alegre como una mariposa entre los kioscos de verduras del mercado de Contralmirante Villar, da media vuelta y empieza a irse. Yo la detengo.

-Y mis rifas?

-Ah sí, Carlita, te las llevo más tarde a la casa que aquí no traigo el talonario…

Vuelvo a la casa. Preparo pescado frito y mientras espero que el arroz se termine de hacer, me baño en el mar. Caminando entre los árboles, los pájaros me silban como si estuviera preciosa y es probable que lo esté porque tengo veinticuatro años, una vida apacible, un novio guapísimo y un perro especial. Vivo en el paraíso sobre el que dispongo la mesa para almorzar. Suena marley en un tocacassette, oh please, don´t you rock my boat, cause I don´t want my boat to be rocking.

-Seño Carla!

Escucho un grito. Salgo a la puerta trasera para ver quién es. Aparecen caminando la chawa del mercado y otra chawa, traen un bulto que me asusta, cargado. Antes de llegar a la puerta empiezan a explicarme algo.

-Ya hemos hecho la rifa, ganaste el primer premio.

-¿?

-Un saco de arroz.

-El saco de arroz que donó Alexis?

-Si.

El saco de arroz estaba envuelto en papel de regalo. Con la absoluta seguridad de haber sido la única que compró tickets inexistentes de esa rifa para la cual mi socio fue el único que hizo una donación de modalidad premio, procedo a cerrar con corrección política la trampa más tierna en la que he caído.

-Pues entonces, yo quiero donar este saco de arroz que he ganado a la familia Chawa para la pronta recuperación de la niña.

Ellas se van de lo más contentas y claro, la niña jamás viaja a Piura como también es probable que nunca en su vida haya caído en un canal.

Comemos pescado frito con arroz y ensalada comentando el episodio. Después nos bañamos de nuevo en el mar y ya tenemos que salir a hacer las compras para abrir el bar. El día dura como treinta horas. Por la noche tomamos unos tragos con Alexis y los amigos que estén. Definen la agenda los pájaros por la mañana y el corte de fluido eléctrico diario a las 11 de la noche. Parece que nunca nos iremos de éste lugar.




Ilustración para queloide por Jim Cero /@Jim_Griss / ideas con copyright