23 de julio de 2009

los guardianes

En el planeta tierra nos hemos creado a base de golpes una especie de orden que se divide en sub órdenes y en unidades más chiquitas. Hay arriba y abajo, izquierda y derecha, brújula, organigrama, eje equis y eje i griega, también llamado eje ye, dependiendo del continente o el humor del momento. Así son las cosas aquí abajo. Sin embargo cuando uno vuela, todo se desordena.

Apenas uno se sube a un avión, cualquier concepto propio del orden va directamente a la papelera de reciclaje. La panza sube y baja a su antojo, los oídos se tapan porque sí y uno está condenado a mirarle la coronilla al pasajero de adelante, además de escuchar durante horas los berridos de los hijos ajenos, personitas que saben bien sacarle el jugo al caos inter aeroportuario. Es eso sumado a la condición de conjunto cero que las señoritas azafatas le endilgan a uno apenas ingresa al pájaro de acero.

Si en el mundo terrestre uno paga a alguien por un servicio, puede aventurarse a solicitar una buena atención a cambio de su dinero. En el mundo aéreo en cambio, uno pasa inmediatamente a ser el subordinado de las regias señoritas que muy al peinado y el taquito deambulan empujando cajas con ruedas que contienen tortellinis que no contienen nada. Ellas son las amas y señoras de ese mundo que es una burbuja que se transporta de un lado a otro mientras el chico de adelante no para de dar alaridos y el de atrás no para de arrancarte los pelos. La señorita, que no te quiere de gratis y de normal, te odia si le pides más café y te aborrece si le comentas que tus audífonos no funcionan. Espera a que te duermas para darte un lapito y entregarte los tres papeles que debes llenar y luego muy pocas veces usas. Te amonesta por el cinturón, te abre la ventana porque su protocolo así lo establece y de ninguna manera te dará una almohadita extra. Ese es su mundo y ahí rulea, entérate.
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Yo no ví Watchmen en el cine, ni contigo ni con nadie. No lo hice simplemente porque un orden nuevo que me he planteado, establece que debo deshacerme de ciertos vicios, como por ejemplo el de invertir grandes cantidades de dinero en historietas, gran cantidad de tiempo en leerlas y demasiado tiempo de sueño en fantasear con superhéroes. Por eso en el viaje de ida vi una de mujercitas y durante las primeras horas del viaje de vuelta vi una del chico phoenix que tiene labio leporino, que era depresivo y se enamoraba de gwyneth palthrow aunque a su mamá isabella rosellini el asunto no le hacía demasiada gracia. Terminada la peli me dormí, hasta que la señorita que nos cuida, nos alimenta y nos da órdenes desde su investidura de Lan, pisó el pie de mi mamá que dormía en su asiento al lado del pasillo y nos despertamos ambas para ver la cara de molestia de la simpática fly attendant. Después me paré, fui al baño y de regreso pensé que podía solicitar el snack que ofrecieron a viva voz por el parlante, pero sentí miedo de importunar a las jefas y volví al asiento a amarrarme voluntariamente.

Vuelvo a que en el aire el orden se subvierte, se revierte, se invierte y súbitamente estoy poniéndole play a los guardianes, muerta de saliva mental y sed bucal, que así son las paradojas de la vida. Al minuto cuarenta y cinco la pantalla va a azul y el piloto nos cuenta que estamos a quien sabe cuantos pies de altura recorriendo el cielo a quien sabe cuantas millas por hora. Lima está a equis minutos y la temperatura actual es de bla bla grados celsius. Mmmm. This is your captain speaking, we are now flying over the andes… Mmm. Exactamente ocho minutes después, el capitán de la nave cierra la boca y puedo volver ordenadamente y sin chistar, a ver la peli.

Me congelo, ya me he puesto el antifaz en la nariz tratando de derretir el adoquín. Estoy envuelta en la mantita que no podré llevarme gracias a los sensores de plástico que ahora les ponen y a mis valores, por supuesto. No pido que suban la temperatura del avión ni un punto porque aparentemente las vigilantes están cansadas y han decidido someternos a su frígida indiferencia. El capitán informa en la pantalla azul que en breves minutos llegaremos a Jorge Chávez. Luego informa que en breves minutos llegaremos a Jorge Chávez, en inglés. Falta poco para que termine la película y yo me entregue nuevamente de lleno al mundo de la ficción, una vez pisada mi peruana tierra.
Pocos minutos para Lima, pocos minutos para el final de la historia. Corro contra el tiempo, pero lo hago como loquita sentada envuelta en trapos y con una emoción de adolescente de nuevo. Entonces el capitán vuelve a poner mi pantalla en azul e informa que las guardianas pasarán en ese instante a recoger los audífonos, y luego lo informa en inglés.

El orden del aire ha ganado. Una fuerza superior ha decidido que yo no vea los últimos seiscientos segundos de la película que podría haber cambiado el destino inmediato de mi vida. Me bajo, no sin antes agradecer, y retomo la realidad.
Una última cosa: quién vigila a los vigilantes?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿y qué dices de los "guachimanes", que apenas se ponen el uniforme se creen generales dictadores de alguna república bananera a la que, desafortunadamente, hemos llegado sin tener visa ni haber comprado pasaje?

Anónimo dijo...

Sí, cuando tú vuelas todo se desordena.

Tarcila. o Claudia, depende dijo...

yo suelo perderme las películas de regreso.
y me hago la dormida cuando pasan la latita de la colecta. soy un asco.

Carla Valdivia Rosello dijo...

si, quién vigila a los vigilantes?

Caro dijo...

latita de colecta?