3 de julio de 2012

Rana


No se dicen cosas así en público, hubiera dicho la abuela. En sus tiempos las batallas no se libraban cara a cara. Si la abuela peleaba con la tía los dramas se gestaban entre bocas silenciosas y se ganaban entre dientes cuando una vieja decía esto o decía aquello y luego todos se sonreían como si no hubiera pasado nada y comían tallarines o ñoquis envenenándose por dentro. A mi abuela no le gustaba que yo dijera improperios y tampoco le gustaba que usara el pelo como lo uso hoy porque decía que mi frente era muy grande, pero por sobretodo ella me quería y pensaba-la pobre- que yo era todas las musas juntas y que escribía, cantaba y actuaba como los dioses mismos. Cuando la gente de la casa se iba a trabajar, saltábamos como dos locas sobre los muebles y nos pintarrajeábamos como drags.

Mi abuela siempre fue bien portada y nunca vi a mi abuelo ponerse celoso por algo que ella hubiera hecho, como si la vi a ella ponerse celosa loca cuando el abuelo tenía que fotografiar chicas de la tele. Nos quisimos casi hasta el final y fui siempre la predilecta y la única sobrenatural de todos sus tres nietos. Luego le sobrevino algo como una demencia senil y ya no me quería ni medio y me confundía con mi mamá hasta decir, ah no, eres tú, pero tú o yo, era alguien que ella no apetecía tener cerca. Y ya, se murió lejísimos mío y bueno, con eso termina esa historia.

Esta historia empezó cuando yo ya casi no me acuerdo de nada. Este es un cuento que empieza raro pero que empieza intenso, que me devuelve a mi casa después de una noche larga y me mantiene despierta. Estos no son los tiempos de Regina Castellano, hoy puedo decirte en un blog que nadie me toma como tú me tomas, que nadie me hace sentir tan protegida como tú me proteges. Puedo pedirte que estires tu mano huesuda y que la pongas encima de mi hombro porque yo mataría a cualquiera que intente impedirlo. Soy al mismo tiempo una mujer grande y una niña y un animal mitológico que vuela y muerde y escupe fuego si quieres. Tú, eres un pequeño dios.

Hay cosas abuelita, que se tienen que decir en público para que tu chico te escuche. Chico, mi chico, tú sabes quién eres.

1 comentario:

Miguel Jorge Ricardo Rosado German dijo...

Muy buena mini-historia :D!