11 de abril de 2008

COLUMNA HINCHA

Admiro en algunos seres humanos la capacidad de enfrentarse a la adversidad, bordearla y pasar por el costadito en algunos casos, en otros sobreponerse y adoptarla como parte de su día a día, a veces incluso con una sonrisa. En esta columna batallamos para no hacer mala sangre. Somos picones y hablamos en plural, porque nos da un poco menos de vergüenza admitirlo si parece que fuéramos muchos.

Nos rebelamos a acostumbrarnos a que existan “cosas de hombres”, como también a pensar que no es tan grave que un jugador de fútbol le diga una barrabasada en televisión nacional a una árbitro, a un hincha, a un periodista, o al cardenal. Es grave, y pataleamos. Tampoco vamos a celebrar que un tipo tan simpático represente deportivamente a una institución académica, y menos que cuando sale –a pedido de sus empleadores– a disculparse con la dama atropellada, aproveche para arremeterle a patadas a la afición nacional sacando en cara que en balompié, tenemos uno de los veinte mejores tenores de la historia.

Lo que sí vamos a festejar, y digo esto lanzando pica pica al aire y serpentina en mano, es que la universidad que le pagaba le haya dado de baja por grosero. Y mientras le ofrecemos una feliz danza de despedida, le recomendamos que en otra ocasión no se deje aconsejar por su pierna derecha, o izquierda, o por algún chimpún amigo y que intente pensar, porque sobre sus hombros descansa una parte del cuerpo que tiene otros usos más allá de cabecear el balón hacia el arco. No metemos tantos goles como nos gustaría, pero a veces nos pasan cosas bonitas como ésta y nos ponen alegres.

Ahora, Leguizamón, volverás a andar las calles de tu barrio, lugar donde los hombres son bien machos y, a diferencia de nosotros, todos son mundialistas que mantienen a sus mujeres de muy buen humor y felices en sus hogares, recintos donde desempeñan labores de chica como criar hijos y hornear pasteles sin meterse en cosas de caballeros como tú.

1 comentario:

Enrique L. dijo...
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